Cómo disfrutar un vermut como un MADRILEÑER
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El vermut es más que una bebida. Es una forma de estar en Madrid. -
La historia del vermut en Madrid
El vermut tiene profundas raíces en la cultura madrileña. Aunque su origen es italiano y catalán, Madrid lo adoptó como propio hace más de un siglo y lo transformó en un ritual social. A lo largo de los años, el vermut pasó de ser una bebida de farmacia (se bebía por sus supuestas propiedades digestivas) a convertirse en el símbolo de la ociosidad madrileña: la excusa perfecta para reunirse con amigos, disfrutar de una buena conversación y aprovechar las tardes para no hacer nada.
En las décadas de los 50 y 60, los vermut-bars proliferaban en cada barrio. La taberna no era solo un lugar para beber, era un espacio de encuentro donde se discutía de política, negocios, fútbol y amor. Las terrazas bajo los árboles, los espejos biselados en las paredes, las máquinas tragaperras, las conversaciones que podían durar horas sobre un único vermut. Todo eso compone la identidad madrileña del vermut.
Hoy, aunque muchas tabernas han desaparecido, la tradición persiste. Algunas de las más emblemáticas siguen en pie, y nuevas generaciones descubren cada año que el vermut no es solo una bebida, es una forma de estar en Madrid. Incluso existen variaciones contemporáneas del ritual, como el Yayo, un cóctel de vermut, ginebra y soda que captura la esencia de esta tradición. Te invitamos a descubrir la historia del Yayo →
Los mejores bares para disfrutar un vermut auténtico
Si buscas experimentar el vermut madrileño de forma genuina, estos tres lugares son imprescindibles. No solo sirven buena bebida, sino que guardan décadas de historia en sus paredes.
Taberna Ángel Sierra (Sol)
Fundada en 1917, Ángel Sierra es posiblemente el vermut-bar más icónico de Madrid. Su barra de madera noble y sus espejos biselados son los mismos desde hace un siglo. El vermut se sirve de barril, y la selección es exquisita. El ambiente es puro Madrid: camareros con mandil, clientes de todas las edades, y conversaciones que trascienden los temas cotidianos. 📍 Plaza del Sol, 4 (Ver en Google Maps). Nota: La camaradería es parte del ritual, así que no esperes pasar desapercibido.
Casa Alberto (La Latina)
Casa Alberto abrió en 1827, convirtiéndola en una de las tabernas más antiguas de Madrid. Situada en el histórico barrio de La Latina, combina la experiencia del vermut con una carta de tapas que es una institución en sí misma. El jamón ibérico, los camarones rebozados, y los boquerones en vinagre aquí son más que comida. Son ceremonias. La atmósfera es acogedora, sin caer en lo turístico. 📍 Calle Huertas, 18 (Ver en Google Maps).
Bodegas Ricla (Chueca)
Si lo que buscas es autenticidad sin concesiones, Bodegas Ricla es tu lugar. Ubicada en el barrio de Chueca, esta bodega tradicional mantiene la esencia del vermut madrileño sin modernidades innecesarias. Los clientes son regulares de décadas, el suelo está lleno de servilletas de papel, y los camareros se mueven con la velocidad y precisión de los que llevan toda una vida haciendo lo mismo. La selección de vermuts es cuidada, y las tapas son simples pero bien hechas. 📍 Calle Gravina, 12 (Ver en Google Maps).
El ritual completo: cómo disfrutar un vermut como un MADRILEÑER
Beber vermut no es solo verter la bebida en un vaso. Es un ritual que involucra elección, timing, compañía, ambiente e intención. Aquí están los pasos para hacerlo bien.
1. Elige tu vermut
En Madrid, los dos estilos principales son el vermut rojo (más dulce, con notas especiadas) y el vermut blanco (más seco, crudo). Comienza con rojo si prefieres algo más accesible; después podrás atreverte con blanco. Algunos madrileños piden "vermut con gaseosa" si quieren algo más ligero. No hay elección incorrecta. La que te haga feliz es la correcta.
2. Respeta la hora
El vermut se toma entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde. Es el pre-comida madrileño. Fuera de estas horas, pierdes el contexto y la magia. Si bebes un vermut a las 5 de la tarde en un bar de copas, no es lo mismo. La hora es el alma del ritual.
3. Elige compañía que merece tu tiempo
El vermut es social. Es la excusa para ver a alguien a quien hace tiempo que no ves, para hablar de los planes del fin de semana, para procrastinar una mañana de trabajo. Nunca bebas vermut solo, a menos que sea para reflexionar profundamente en una barra histórica. La compañía es lo que convierte los minutos en momentos.
4. Pide acompañamientos
Las tapas no son optativas. Son parte del ritual. Aceitunas, boquerones en vinagre, anchoas, patatas bravas, croquetas. El vermut y las tapas se potencian mutuamente. La sal de la aceituna realza la botanía del vermut. El vinagre de los boquerones limpia el paladar. Nada es accidental.
5. Ralentiza el tiempo
Un vermut se bebe lentamente. Si terminas en 5 minutos, lo hiciste mal. El propósito es ocupar 30-45 minutos en un acto que, en términos de volumen, es pequeño. El vermut es un pretexto. El propósito es la conversación, la observación de la gente alrededor, el silencio compartido con un amigo. Bebe pequeños sorbos. Observa la barra. Saborea la experiencia, no la bebida.
Acompañamientos que realzan el vermut
Las tapas son tan importantes como el vermut en sí. No son un complemento, son parte de la experiencia. Aquí están las más madrileñas:
- Aceitunas rellenas de anchoas: La combinación clásica. La sal de la aceituna y la umami de la anchoa son el compañero perfecto para cualquier vermut.
- Boquerones en vinagre: La acidez del vinagre limpia el paladar y prepara la boca para el siguiente sorbo de vermut. Es una danza química.
- Patatas bravas: El clásico madrileño. Crujientes, aliñadas con salsa brava y alioli. Absorben perfectamente el sabor del vermut.
- Jamón ibérico: Si quieres hacer la experiencia especial. El jamón y el vermut son un maridaje de alta cocina, pero servido en la barra de una taberna.
- Croquetas caseras: Algunas tabernas todavía las hacen frescas. Si las encuentras, pídelas. Son el final perfecto para la experiencia.
- Conservas de mariscos: Percebes, mejillones en escabeche, almejas. En algunos bares históricos, estas latas abiertas en la barra son un tesoro.
De la tradición a la pared: cómo capturamos el vermut en láminas
La tradición del vermut es tan madrileña que merecía ser ilustrada. Cuando nuestros artistas propusieron crear láminas sobre esta costumbre, no dudamos. El resultado son ilustraciones que capturan todos los elementos de esta experiencia.
En las láminas sobre terrazas y vida social madrileña puedes reconocer escenas tipicamente madrileñas: el vermut en la copa, las aceitunas en el platillo, la carta de plástico laminada que ha visto décadas de manos, las sillas de barra bajo la sombra de los árboles, y sobre todo, la gente. Porque el vermut no es la bebida, es la gente que lo rodea.
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Otras láminas que celebran el estilo de vida madrileño
Si El Jardín de Diana te ha inspirado a decorar tu casa con la esencia de Madrid, estos dos cuadros complementan la conversación:
Los encuentros casuales en Madrid. Una ilustración de la gente, la arquitectura y los momentos que definen la vida en la ciudad. 30x40cm, desde 60 EUR.
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Preguntas frecuentes sobre el vermut madrileño
¿Qué vermut es el "mejor" para beber en Madrid?
No existe un "mejor" vermut absoluto. Los madrileños son leales a sus marcas: Martini, Carpano, Noilly Prat, Dolin. Lo que importa es el lugar donde lo bebes y con quién lo bebes. Un vermut mediocre en una taberna legendaria es mejor que un vermut excelente solo en casa. Prueba diferentes marcas y elige la que más te guste. La lealtad viene después.
¿Por qué el vermut se sirve en vaso pequeño?
El vaso pequeño (de aproximadamente 50-75ml) es deliberado. No es avaricia del bar. Es intención. El vermut se bebe lentamente, debe mantenerse frío, y el vaso pequeño facilita esto. Si se sirviera en un vaso grande, se calentaría rápidamente y perderías los matices del sabor. Además, el vaso pequeño te obliga a saborear cada sorbo en lugar de tragarlo. Es un acto de consciencia, no de economía.
¿Es recomendable añadir gaseosa o hielo?
Ambas cosas son aceptables. Algunos puristas lo desaprueban, pero en Madrid la gente lo hace. Si añades gaseosa ("vermut con gas"), lo haces más ligero y refrescante, especialmente en días calurosos. Si añades hielo, corre el riesgo de diluir el sabor, pero mantiene la bebida más fría por más tiempo. Haz lo que disfrutes. No hay police de vermut que venga a arrestarte.
¿Cuál es la diferencia entre vermut rojo y blanco?
El vermut rojo es más dulce, con notas de caramelo y especias. Se elabora con hierbas que le dan ese color rojizo y un perfil de sabor más accesible. El vermut blanco es más seco, más crudo, con mayor presencia de botanicales amargos. Si eres principiante, comienza con rojo. Si buscas un sabor más complejo, prueba blanco. No es un escalera de sofisticación; es simplemente una preferencia.
¿Se puede beber vermut fuera de España?
Por supuesto, pero no es lo mismo. El vermut existe en todo el mundo, pero el ritual madrileño es específico de Madrid. Está ligado al clima, a la arquitectura de la taberna, a la gente que te rodea, a los horarios de la ciudad. Un vermut en una barra de Nueva York es una bebida curiosa. Un vermut en Ángel Sierra es una experiencia. La diferencia está en el contexto, no en el líquido.
¿Cuánto tiempo lleva la tradición del vermut en Madrid?
Más de 100 años de forma institucionalizada. Algunas de las tabernas más emblemáticas abrieron a finales del siglo XIX o principios del XX. Pero la adopción cultural sucedió más lentamente, consolidándose verdaderamente en los años 50 y 60, cuando el vermut se convirtió en sinónimo de socialización madrileña. Hoy, después de luchas y resurgimientos, sigue siendo parte de la identidad de la ciudad.



